24.3.12

Eso

Acabo de tener una epifanía. Ya entiendo por qué no he podido escribir con el corazón en la mano este último año. Este último mes. Ya no tengo crisis internas. Mis debates emocionales se han clausurado por falta de quorum. Aunque, honestamente, pienso que mi quorum vio a Medusa en algún lado y quedó preso de su encantadora pero mortal mirada.

Mi interior se ha convertido en una oficina estructurada con código de vestimenta y protocolo institucional. ¿Dónde quedé yo, con mis calaveras y montañas? Dime, cementada estructura personal, ¿cuándo llegará el sismo que de derrumbe para reconstruir los cimientos reales? ¿Cuándo?

Estoy eligiendo el otro camino, ese cementado, estructurado, deprimido y descolorido. Lo sé, no debería contemplarle de esta manera, pero si no es así, ¿de qué otra sería?

Perdí todo para darme cuenta de esto cuando ya era demasiado tarde. Cliché. Gasp. Odio decirlo. Gasp.

Quiero seguir escribiendo esto pero mi mano me dio la señal de que todo ha terminado. La parafernalia escritural clausuró su pobre circo montado antes de la función, o justo después de que el payaso malabarista revelara que sus pinos de bolos son en realidad botellas, y que el león del circo es sólo un caniche trasquilado.

Mis máscaras cementadas. Mis agendas descoloridas. Mis paredes blanquecinas. Mis sueños perturbados. Mi tranquilidad perdida.

¿Dónde estás para ayudarme a recuperarlo todo?

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