11.11.12

El Tiempo

El tiempo dejó de ser viento que sopla y que anda alto mientras corro y rio. El tiempo se tatuó los minutos de lejanía, de ausencia, de un arrepentimiento instantáneo, de una necedad aún mayor. El tiempo se tomo su tiempo para partir, se tardó, pero al fin partió y no volvió. Y yo sin tiempo; sin mi, sin las mareas, sin las tormentas, sin los rayos de Sol que se colaban de entre tus pestañas en el atardecer de tus ojos.

Yo sin la lluvia ni el acompañante frío, sin el refugio de tus brazos de calor, sin pasión ni su recuerdo siquiera, sin puntos de partida ni de encuentro me quedan, total perdición. El tiempo no se detuvo, sólo caminó lejos. Siempre indiferente ante el chubasco, la gotera, la brisa, el monsón, andaba por igual sin importarle a quien moja, de quien es la culpa.

El tiempo no anda en mí, ni encuentro la cuerda para darle, ni esperanzas de que exista, ni con golpes de pecho —mira que lo he intentado—. El tiempo ni avanza ni retrocede, ni de reojo voltea a ver lo que dejó. Contó uno, dos, tres, cuatro y se escondió. Y yo sin tiempo; sin los chasquidos del péndulo, sin tus tacones por las escaleras, sin el estruendoso aleteo de tu pestañar. Yo sin el vino, sin el pretexto de andar a ti, sin andar siquiera, sin ganas de andar, ni de andar por andar. El tiempo no es grosero, no fue rudo, sólo justo y justo nomas.

Se dio a cada momento, ahí estaba presente entre sonrisas, en los peldaños de nuestros orgasmos, entre comidas, entre copas, entre bromas y gestos, de montaña a colina ¡ahí estaba él y ahí estaba yo! Distraída por contar los ruidos del reloj, distraída sin prestar atención al tiempo que me prestaba cada sonrisa que te regalaba. Y yo sin tiempo; sin el decibel de tu risa, sin la página arrancada, sin la pincelada con el dedo, sin la llamada. Sin tiempo en el corazón. Sin corazón.

19.7.12

Impermeable

Estoy cayendo y mantengo la calma, la serenidad del suicida que espera el golpe seco del áspero asfalto como definitorio final, estamos cayendo y me siento sola mientras el aire acaricia libremente mi rostro, despeina mis cabellos, eriza mi piel pero no se vuelve uno conmigo, solo me deja ir.  

Las ideas caen de mi cabeza e impactantan el piso antes que yo, lo hacen ruidosamente, lo hacen abriendo abismos infinitos en el piso, donde vislumbro infiernos férreos, ardientes y nada providentes. Pero no me asusta, mi serenidad; no se inmuta mi serenidad, permanece intacta, indeleble.  Son ideas sobre mi, sobre ellos y los otros tantos que nos recordamos, es mi vida la que va volando libre, mientras yo caigo, como un peso muerto; son ustedes los que observan impávidos sin mover un músculo, se preguntan qué es lo que viene al suelo, qué es eso que cae, mas nadie previene la caída.  

Son ellos los que piensan , son ellos los que a gritos me impregnan de sus opiniones, aseverando el peso y acelerando mi caída, aunque soy sorda a ellos, y no logro que todos sus comentarios resbalen sobre mi piel, sigue sucediendo, no para, y continuo 

Caigo  

 Y no me detengo 

16.7.12

Sufro de aburrimiento patológico.

Me he diagnosticado una enfermedad que no se si existe, pero estoy segura que poseo. La he llamado de este modo, por su principal síntoma (el aburrimiento). “¿Cómo vas a poseer una enfermedad que quizás sea inexistente?” he meditado esa pregunta muchas veces, que la asociado a inquietudes y miedos “Te aburrirás de esto, algún día”.

Me he planteado mi patología una y mil veces. Me he planteado los miedos de los otros. He refutado todas las teorías. Todavía hay alguien que sabe engañar a la rutina. Eso indica que todavía no me aburrido de todos. No es cierto tampoco, que abandone lo que no es nuevo. De hecho tengo un cierto apego, por muebles y objetos viejos llenos de nostalgia. Sin embargo es cierto cuando me dices, “te aburres de todo”. 
Y es mi aburrimiento patológico lo que explica gran parte de mi vida. Soy nómade por naturaleza, tengo la tendencia a abandonar sitios y senderos seguros para alcanzar otros desconocidos. No duro mucho tiempo en los trabajos, si el trabajo no se adapta a mis movimientos. 

Necesito cambios, continuos cambios, incertidumbre, rumbos nuevos. 
Necesito caos, papeles de colores. Ruidos tranquilos, y por momentos molestos. Necesito que mañana sea distinto al hoy. "Te aburres de todo". Quizás sea así.

24.3.12

Eso

Acabo de tener una epifanía. Ya entiendo por qué no he podido escribir con el corazón en la mano este último año. Este último mes. Ya no tengo crisis internas. Mis debates emocionales se han clausurado por falta de quorum. Aunque, honestamente, pienso que mi quorum vio a Medusa en algún lado y quedó preso de su encantadora pero mortal mirada.

Mi interior se ha convertido en una oficina estructurada con código de vestimenta y protocolo institucional. ¿Dónde quedé yo, con mis calaveras y montañas? Dime, cementada estructura personal, ¿cuándo llegará el sismo que de derrumbe para reconstruir los cimientos reales? ¿Cuándo?

Estoy eligiendo el otro camino, ese cementado, estructurado, deprimido y descolorido. Lo sé, no debería contemplarle de esta manera, pero si no es así, ¿de qué otra sería?

Perdí todo para darme cuenta de esto cuando ya era demasiado tarde. Cliché. Gasp. Odio decirlo. Gasp.

Quiero seguir escribiendo esto pero mi mano me dio la señal de que todo ha terminado. La parafernalia escritural clausuró su pobre circo montado antes de la función, o justo después de que el payaso malabarista revelara que sus pinos de bolos son en realidad botellas, y que el león del circo es sólo un caniche trasquilado.

Mis máscaras cementadas. Mis agendas descoloridas. Mis paredes blanquecinas. Mis sueños perturbados. Mi tranquilidad perdida.

¿Dónde estás para ayudarme a recuperarlo todo?