Confino mis ideas a una caja metálica,
sofoco mis ilusiones de mi pasado
y conspiro a favor de mis sueños.
Los grandes espacios en blanco de mi cuaderno, suprimen las ansias de respirar, obtando por ahogarme en mis recuerdos, tomo su tomo con mis fuerza, aferrándome a la realidad que me rodea. Y el vértigo sostiene mi débil duda. ¿Continuo estando enferma? Al parecer esto me consume, y dilata mi lógica. Me empuja a acariciar la soledad mental que atravieso, saborear el agridulce de mi incertidumbre.
Siempre soñé con despertar algún día, y hallarme superpuesta a esta "enfermedad" al parecer, hoy la encuentro a ella superpuesta a mi. Desequilibrada por una congestión mental, instalada en mi occipital. Corrompiendo cualquier pensamiento que supere al laberinto que atravieso en el momento , hallando la forma, en la cual pueda respirar libre.
Vuelvo al mundo y la hallo a ella mi lado siempre con esa sonrisa complaciente y superior, Me abraza y comprende sin palabras lo que sucede. Le sonríe a mis dudas, y sosiega mis miedos. Mira con altruismo mi febril posición. Yo consciente de que debo dejarla mancharse, no puedo desprenderme de lo que me brinda.
hoy la princesa, no quiere mirar al vació, quiere mirar al horizonte abrazada de mis miedos, hoy ella prefiere, alimentarse de la belleza del ocaso y dejar de lado, lo subjetivo, prescindible. hoy es necesario conseguir un suspiro que impulse a nuestro sistema seguir adelante. El problema es que los latidos son cada vez más débiles, taciturnos, son pequeños golpeteos en mi pecho, y imperceptibles.
_Y en el Crepúsculo te hallas acariciando a la brisa.