19.10.09

Relevante


La velocidad a mas de 100, la música a todo volumen, 2 corazones rotos, que buscan los pedazos destrozados en el piso del coche, y uno que late lentamente.



El amor, una palabra tan compleja debatida, y vivida. Ha pasado guerras y aun sigue vivo, ha pasado revoluciones y aun se vive, ha pasado por mi y aun suelo creer en el. Recuerdo haberlo visto en millones de ocasiones, recuerdo haberlo escuchado en la canción que cante a viva voz, siento haberlo visto en muchas películas. Y recuerdo aun con mas claridad, sus devastadoras consecuencias.


Mis 8 años, eran suficientes, para comprender que hacia daño, y mucho. Cuando mi madre y mi tía, de quienes aprendí a vivir, iban a mas de 100km/h por la autopista, sin reparar restricciones de horario , sin medir el grado de depresión que sentían, ni el volumen de su voz, al entonar Si te vas - Shakira, desechando viejas heridas, caducando su permiso para amar.


Comprendí que el amor, no solo daña, el amor te seduce, y te arrastra corriente abajo por ese rió de incertidumbre, te lleva y no te libera, hasta verte totalmente indefenso, y luego dejarte a la merced de cataratas inmensas, con una caída mortal.


Y ahora estoy frente a ese chico de ojos claros, y cabello lacio, claro, y muy bien cuidado, habla de si mismo, lo hace con altanería. Casi como yo suelo hacerlo. Mira directo a mis ojos, me analiza, mientras yo finjo escucharlo, pero no, voy recordando como fui instruida para fingir muy bien. Como aprendí que el amor solo hace llorar.


Mi mirada divaga otra vez por la habitación, mira fijamente la ventana que me conecta con la calle, donde los coches avanzan a gran velocidad, como si el tiempo fuera a quedar atrás si lo hacen. Rió en mi fuero interno. y me interrumpen.


-Me estas escuchando?

-Lo siento, creí ver a alguien.

-Bueno, como te decía, la cabalidad de la religión sobre cae en la excelsa gama....

Y continuo, ahora mi mente viaja a millones de kilómetros, lo hace sin obstáculos, ya conoce el camino y me encuentro con el; si, él, lo miro fijamente, y poso mis manos sobre su rostro, lo recorro y memorizo, como un ciego reconoce el camino a casa. Ahora sus manos son mías, las tomo prisioneras, y en mi mente,me siento protegida. No importa que me vea extraña mirando al vació , soñando con tenerlo a mi lado. Lo beso, y desaparezco.
Y otra vez caigo en mi, para seguir pretendiendo estar interesada en mi acompañante.
Termina de aludirse, comienzo a preguntarle que desea de mi, para que me invito a salir. Ya que no ha sido claro en nada. Y aun no me da una respuesta convincente.
Sus palabras atropelladas, me dicen que nada salio como esperaba. El creía que yo seria asequible, sonó con un si inmediato. Y que no habrían turbulencias en sus planes. Ahora le sudan las manos, tartamudea y yo solo observo, el juego de hacerlo sentir inseguro es cada vez mas fácil, lo se, lo he hecho millones de veces. Y siempre es así de dulce.


-Me gustas- gritan sus labios carnosos, y la sangre se le viene al rostro.


Me mofo , y pregunto porque. Y otra vez se intimida, cae en mi trampa, no sabe que responder, y le digo que es tarde y debo irme. Me acompaña y finje tranquilidad. La serenidad en su rostro es una mascara mal puesta que devela su nervios.


Ya en el pórtico de mi casa, donde he sentido las mas diversas sensaciones antes de ingresar a ella. Me roba un beso, un beso suave sin agresión ni forcejeos, lo hace cuidando cada detalle pretendiendo que su ultima carta le surta efecto.

Pero termina antes de lo previsto. Mis instintos y mi mente lo rechazan y sin un adiós desaparezco de su vista. Pienso en que debo de dejar de hacer eso.


Me recrimino su debilidad, y me prometo no volver a jugar.


Porque se que seguiré divagando y volando a los brazos de él