24.9.09

Sueños Desvanecidos


La noche sosegada de estrellas

difumina todos los sueños

que ahora levitan en los techos,

levitan sobre mi, sobre ti, sobre nosotros.


La febril brisa los hace tambalear,

el brillo de las estrellas los intimidan,

lo fantástico del rocio los disuelve en la nada

y volvemos a ser simples humanos.


Trotamundos, cazadores de esperanzas,

todos ellos en busca del sentido de la vida

todos ellos tras los imposible

todos ellos ilusos e ingenuos.



La Vida es de aquellos, que viven, y no intentan hacerlo.


Miro extrañada a mi alrededor, mientras que una sombra gris me envuelve en el miedo inocuo y trasparente. Siento como me amaniata a sus lado, no hay escape, solo un breve suspiro de rendición hace que ese miedo se vuelva a disolver en la obtusa sombra que acompaña mi habitación.


Nunca me gustaron los hospitales, ni cuando estuve sana, ni cuando estuve enferma, ni cuando lo visite con mi padre, ni cuando fui a ver a mi padre morir. Se me antojan tan delatores, de la verdad que abrumadora, es mejor ignorarla, es mejor no voltear a verla, y solo percibirla por el rabillo del ojo. Sentirla pasar, pero no seguirla. Es una destino oscuro, y muy macabro.


Sentir los pasos vacíos, al roce del suelo plástico y rechinante. Conspiran en mi contra para que el frió de las manos se extienda por todo el cuerpo, y el pálido de mi rostro, sea indeleble, en mi piel.


-Un piquetazo de aguja, y listo- dice la sonriente enfermera que hoy me atiende - los análisis estarán listos para mañana.

-Maravilloso- y una sonrisa mal dibujada se enmarca en mi rostro.


Se que no voy salir bien en esos examenes, llevo 2 semanas, durmiendo 3 horas, y estudiando 14 horas diarias, sin contar las horas que leo, y escribo deliberadamente. Como un impulso que no puedo rechazar, sentir ese escosor en las manos, que me inclinan a tomar el lápiz, y escribir, aunque no se entienda , se que me desprendo, de eso que me sulfura, la mente.


Es hora, de seguir, he vuelto a comenzar con ese ciclo tortuoso de la privacion, no solo de la ingesta de alimento, sino también, de relaciones amorosas, de todo aquello que me recuerde, que sirvo para dar algo mas el saludo. y me niego a permitirme caer en las redes turbias del amor.


Ahora solo resta, observar una vez más el amanecer , antes de que mis pupilas, exaustas me venzan