Escribir una carta nunca fue tan sincero, las palabras enchapadas de oro, me nublan la vista y hacen que ese extasis textual me devuelva la sonrisa que perdí en mi desierta soledad. Me hacen girar en círculos perfectos, me hacen recordar cuan bello es decirle a alguien lo que crees, cuan indudable es el descontrol que se desarrolla en el frenesí de la escritura. No me atrevo a enviarla, quizás nunca lo haga, quizas el sentimiento se quede encerrado en ese sobre de papel con dos estampillas y tu dirección marcando surcos en sus superficie, firme, y un poco corrugada.
"El simple toque de tu pensamiento me estremece, el frio de tu aliento mental me desarma en millones de piezas, irreparable; tus palabras lanzadas al aire, y sin receptor, hacen de esta sumisa poeta cree gigantes arco-iris en el salon de clases, que mire al horizonte, sin saber que dice en la pizarra, que mientras hablen de Allan Poe piense en cuan delicioso, seria escuchar de tus labios
Una sonrisa enmarca la comisura de mis labios, desde que pienso en cuan tonto es sentir algo por alguien mas, cuan metodico seria dar y recibir cartas, mojadas de sentimientos, y envueltas en ilusión, esas cartas que te hacen vibrar como un atardecer atareado de brillantes colores dibujados en el cielo, como una gota fría de lluvia en una dia glorioso. Todo aquello indefectiblemente ínfimo, pero magnánimo.
Cierro los ojos y me vuelvo de un golpe y sin pensarlo a la melodía que preparo en la guitarra, pestañeo, y no hay señal de vida, tampoco señal de respiracion. Es lógico los despliegues desaforados de expresion intima, se producen de cada mucho, en mi vida: confío en que el relog, no me atormentara con el tic-tac de sus sonoras manecillas, también que aunque sean las 11:30, mañana despertare radiante, para comenzar de nuevo. Que mi batalla contra lo inevitable, sera a mi favor. Y que la sonrisa que hoy caracteriza mi rostro, permanezca intacta, lo más que pueda.
Emociones que fluyen, inesperadas. Concluyentes. Te hacen saborear el agridulce, de dar y no recibir.

